Dejar el alcohol: una guía para el cambio

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En España, el consumo de alcohol está ampliamente extendido y socialmente aceptado, con un alto porcentaje de la población adulta que lo consume anualmente e incluso a diario. A pesar de esta normalización, el alcohol es responsable de miles de muertes al año y está vinculado a más de 200 enfermedades, además de generar graves consecuencias en la salud mental, las relaciones y la vida familiar. Sin embargo, quienes desarrollan problemas con el alcohol a menudo no lo reconocen, amparándose en la idea de que es una práctica común o que tienen el control de su consumo. Para aquellos que desean dejarlo, es crucial comprender que la voluntad por sí sola no es suficiente; se requiere un cambio profundo de mentalidad y un sistema de apoyo eficaz para desmantelar los hábitos arraigados.

Uno de los errores más comunes al intentar dejar el alcohol es creer en la capacidad de controlarlo mediante autoimpuestas condiciones como limitar su consumo a ciertos días o situaciones. Esta mentalidad, lejos de ser una solución, crea un sinfín de justificaciones que refuerzan el comportamiento adictivo. El cerebro, al asociar el alcohol con un alivio rápido del malestar, consolida este patrón. Dejarlo temporalmente no significa haber superado la adicción, sino simplemente haberla puesto en pausa, ya que las asociaciones cerebrales persisten. La gratificación instantánea que produce el alcohol lo diferencia de otras sustancias menos adictivas, convirtiéndolo en un hábito difícil de romper si no se aborda el mecanismo subyacente.

Para romper con el ciclo del alcohol, es fundamental implementar pasos concretos y estratégicos. Primero, eliminar los "disparadores" del entorno, como tener alcohol en casa o frecuentar lugares donde su consumo es central. Segundo, sustituir por completo la rutina asociada al alcohol con actividades alternativas y planificadas. Tercero, identificar y desafiar los pensamientos engañosos que incitan al consumo. Cuarto, anticipar y planificar para los días y eventos complicados, teniendo una estrategia clara y un apoyo. Quinto, comprender el síndrome de abstinencia como una parte natural del proceso de recuperación. Finalmente, adoptar una nueva identidad como "persona que no bebe" para alinear los pensamientos y acciones con este nuevo estilo de vida. Además, buscar ayuda profesional, grupal o de personas de confianza es crucial para facilitar el proceso.

Las recaídas no deben verse como un fracaso, sino como valiosa información para ajustar el plan de recuperación. La mayoría de quienes logran la abstinencia a largo plazo han experimentado recaídas, utilizándolas para identificar puntos débiles y fortalecer su estrategia. Lo importante no es evitar caer, sino aprender a levantarse rápidamente, sin autocrítica destructiva, y retomar el camino con decisiones conscientes. No es necesario esperar a "tocar fondo" para iniciar este cambio; cuanto antes se comience, menos daños habrá que reparar. Abandonar el alcohol trae consigo beneficios significativos como mayor energía, claridad mental, reducción de la ansiedad y mejor calidad de vida, brindando una sensación de control renovada. El camino puede ser desafiante, pero con una estrategia bien definida, es posible.

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